Huella de Fe · Inglaterra

George Müller

1805 — 1898 · Un hombre que solo le pidió a Dios

Nunca le pediré a un ser humano por dinero para la obra del Señor. Le pediré solo a Dios.

Huérfanos acogidos

10.024

Años de servicio

63 años

Peticiones sin pedir a nadie

Solo a Dios

El comienzo

George Müller nació en Prusia en 1805. Su juventud fue todo lo contrario a lo que uno esperaría de un futuro hombre de fe: mentía, robaba, engañaba a sus amigos. A los veinte años entró a prisión por deudas y estafas.

Fue en un pequeño encuentro de oración, casi por casualidad, donde algo se rompió y algo empezó. Nunca más volvió a ser el mismo.

La decisión que cambió todo

En 1834 fundó una obra para huérfanos en Bristol, Inglaterra. Miles de niños vivían en las calles después de la Revolución Industrial. Müller decidió abrir su casa. Y tomó una decisión extraña.

Nunca le pediría dinero a nadie.
Solo oraría.

Nada de campañas. Nada de recolecciones. Nada de mencionar necesidades. Si hacía falta pan, solo se lo pediría a Dios.

Los días imposibles

Hubo mañanas en las que no había comida para el desayuno. Müller sentaba a los niños a la mesa, agradecía a Dios por lo que estaba por venir, y esperaba. Su diario está lleno de líneas como esta:

"Esta mañana no teníamos nada para dar de comer a los niños. Oré. A las 8:00 alguien tocó la puerta y trajo pan. A las 9:00 llegó leche. Nadie sabía de la necesidad. Dios respondió."

Estas historias no ocurrieron una vez. Ocurrieron durante sesenta y tres años.

Lo que sostenía todo

Müller no era ingenuo. Era un hombre riguroso, disciplinado, con contabilidad exacta. Publicaba anualmente el balance financiero completo de la obra — con nombre de cada donante que había aportado espontáneamente y a dónde había ido cada centavo.

No pedía porque no quería que nadie pudiera decir: "yo lo sostuve". Quería que quedara demostrado, ante generaciones futuras, que Dios sostiene a los suyos cuando ellos le confían enteramente la obra.

Lo que nos enseña hoy

Müller no es un modelo para copiar literalmente. Muchos ministerios necesitan pedir y no está mal hacerlo. Pero su vida nos enseña algo más profundo.

Nos enseña que la fe es real. Que no es una metáfora bonita. Que efectivamente hay cosas que pueden suceder cuando alguien pone su confianza en Dios más que en sus propios recursos.

Y nos enseña algo más sutil todavía: que la mayor apologética del cristianismo no son los argumentos, sino las vidas que se sostienen imposiblemente.

Lo que Müller diría hoy

Nadie sabe qué diría hoy. Pero probablemente algo como esto:

"No dejes de pedir a Dios cosas grandes.
Él sigue siendo el mismo."

Este texto es una síntesis. Si querés profundizar, buscá su autobiografía The Autobiography of George Müller o el libro La vida de fe de Basil Miller.

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Otras vidas que caminaron en la misma fe.

Cada huella tiene algo distinto para enseñarnos. Volvé al listado y elegí la próxima.

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