Huella de Fe · Países Bajos

Corrie ten Boom

1892 — 1983 · El amor de Cristo, más profundo que el odio

No hay pozo tan profundo que el amor de Dios no sea aún más profundo.

Escondió en su casa

Judíos perseguidos

Sobrevivió a

Ravensbrück

Su mensaje

El perdón de Cristo

El comienzo

Corrie ten Boom nació en Haarlem, Países Bajos, en 1892, dentro de una familia de relojeros profundamente cristiana.

Su hogar era conocido por la hospitalidad, la oración y una fe sencilla que se expresaba en la vida cotidiana. Mucho antes de esconder perseguidos, aquella familia ya había aprendido a abrir la puerta a quien la necesitara.

Nada hacía pensar que esa casa llegaría a convertirse en uno de los refugios más conocidos de la resistencia holandesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero la fidelidad casi siempre comienza mucho antes de las grandes decisiones.

Se aprende en la obediencia de cada día.

Cuando amar implicó arriesgarlo todo

Cuando la ocupación nazi comenzó la persecución del pueblo judío, la familia ten Boom tomó una decisión que cambiaría sus vidas para siempre.

Abrieron las puertas de su hogar.

Construyeron un pequeño escondite detrás de una pared en la habitación de Corrie.

Decenas de judíos y miembros de la resistencia encontraron allí refugio temporal, formando parte de una red clandestina que llegó a ayudar a cientos de personas durante la ocupación.

Lo hicieron sabiendo que, si eran descubiertos, probablemente perderían la vida.

No actuaban movidos por una causa política.

Veían en cada persona a alguien amado por Dios.

Para ellos, amar al prójimo nunca fue una idea.

Fue una puerta abierta.

Cuando todo parecía perdido

En 1944 fueron traicionados y arrestados.

Corrie y su hermana Betsie fueron enviadas al campo de concentración de Ravensbrück.

El hambre.
La enfermedad.
La humillación.
La muerte.

Todo parecía negar la esperanza que habían vivido durante años.

Y, sin embargo, incluso allí seguían leyendo la Biblia en secreto, orando con otras prisioneras y recordando que Cristo no había dejado de reinar.

Betsie murió en el campo.

Antes de partir le dejó a Corrie unas palabras que marcarían el resto de su vida:

"No hay pozo tan profundo que el amor de Dios no sea aún más profundo."

Aquella verdad se convertiría en el mensaje que Corrie anunciaría al mundo durante las décadas siguientes.

El odio había llenado el campo de concentración. Pero el amor de Cristo seguía siendo más profundo que el odio.

Cuando el perdón dejó de ser imposible

Después de la guerra, Corrie comenzó a compartir el evangelio en distintos países.

En una de aquellas reuniones ocurrió algo que jamás imaginó.

Uno de los hombres que se acercó a saludarla había sido guardia en Ravensbrück.

Le extendió la mano.

Durante unos segundos, Corrie sintió que no podía hacerlo.

Todo el dolor regresó de golpe.

Entonces oró en silencio.

Comprendió que el perdón no era una emoción que debía fabricar ni una fuerza que pudiera encontrar dentro de sí.

Era la vida de Cristo obrando donde sus propias fuerzas ya no alcanzaban.

Tomó aquella mano.

Y descubrió que el amor de Cristo seguía siendo más fuerte que el pasado.

No perdonó porque encontró fuerzas dentro de sí. Perdonó porque descubrió que la vida de Cristo podía amar donde ella ya no podía.

Lo que esta huella revela sobre Cristo

La historia de Corrie no revela primero la fortaleza extraordinaria de una mujer.

Revela a un Cristo que continúa reconciliando lo que parecía imposible reconciliar.

Él no vino solamente a enseñarnos a perdonar.

Vino a compartir con nosotros su propia vida.

Por eso el perdón cristiano nunca nace de nuestra capacidad para olvidar una herida.

Nace cuando participamos de la vida de Aquel que, mientras era crucificado, todavía podía decir:

"Padre, perdónalos."

El mayor milagro en la historia de Corrie no fue sobrevivir a un campo de concentración.

Fue que Cristo siguiera manifestando su amor allí donde el odio parecía haber vencido.

Lo que nos enseña hoy

Vivimos en una cultura donde el perdón muchas veces parece una señal de debilidad.

La vida de Corrie muestra exactamente lo contrario.

Solo una persona profundamente segura en Cristo puede renunciar al deseo de devolver el mal por el mal.

Perdonar no significa llamar bueno al mal.

Significa dejar que el amor de Cristo tenga la última palabra.

Porque cuando dejamos que Cristo viva en nosotros, el odio ya no tiene la fuerza para definir nuestra historia.

El amor tampoco ignora el mal.

Lo vence.

Síntesis biográfica para conocer su historia. Para profundizar: El refugio secreto (The Hiding Place), donde Corrie relata la historia de su familia, la vida en Ravensbrück y el camino del perdón.

Para pensar

¿Existe alguna herida que todavía estás intentando cargar con tus propias fuerzas, cuando Cristo quiere compartir contigo incluso su capacidad de perdonar?

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Cada huella tiene algo distinto para enseñarnos. Volvé al listado y elegí la próxima.

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