Huella de Fe · Inglaterra

Charles Spurgeon

1834 — 1892 · Fuerza que nacía de descansar en Cristo

La oración no vence la resistencia de Dios; se adhiere a la voluntad de Dios.

Apodo

Príncipe de los predicadores

Pastoreó

Tabernáculo Metropolitano, Londres

Legado

Miles de sermones y obras

El comienzo

Charles Haddon Spurgeon nació en Inglaterra en 1834.

Durante su adolescencia buscaba sinceramente a Dios, pero no encontraba paz.

Un domingo de intensa nieve entró en una pequeña capilla metodista. El predicador habitual no había podido llegar y un hombre sencillo compartió un único texto:

"Mirad a mí, y sed salvos..." (Isaías 45:22)

No escuchó un gran sermón.

No encontró una nueva filosofía.

Encontró a Cristo.

Años más tarde diría que aquella mirada transformó completamente su vida.

Un don puesto al servicio de Cristo

Muy joven comenzó a predicar.

Su capacidad para comunicar las Escrituras sorprendía incluso a los pastores de mayor experiencia.

Antes de cumplir veinticinco años ya pastoreaba a miles de personas en el Tabernáculo Metropolitano de Londres.

Sin embargo, Spurgeon comprendía que el verdadero poder nunca estaba en su elocuencia.

Su voz podía anunciar el evangelio.

Pero solamente Cristo podía dar vida.

Nunca quiso que las personas admiraran al predicador.

Quiso conducirlas al Salvador.

Lo que muchos no alcanzaban a ver

Mientras miles escuchaban sus sermones, Spurgeon convivía con fuertes dolores físicos y repetidas temporadas de profunda depresión.

Él mismo escribió sobre esos períodos con una honestidad poco común para su época.

No escondía su fragilidad.

La llevaba delante de Dios.

Su vida recordaba que la fe no consiste en nunca atravesar la oscuridad.

Consiste en descubrir que Cristo permanece presente incluso cuando nosotros apenas podemos sostenernos.

Su fortaleza no nacía de un carácter extraordinario. Nacía de descansar en un Cristo que permanecía inmutable cuando todo lo demás parecía tambalear.

Cuando el ministerio nace de la dependencia

Además de predicar, fundó un colegio para formar pastores, un orfanato y numerosas obras de servicio.

Pero nunca atribuyó el fruto a sus propias capacidades.

Solía repetir:

"La oración no vence la resistencia de Dios; se adhiere a la voluntad de Dios."

Para Spurgeon, el ministerio no era la demostración de un hombre capaz.

Era la consecuencia de una vida completamente dependiente de Cristo.

Sabía que la eficacia del Reino nunca depende de la fuerza del instrumento, sino de la fidelidad de Aquel que lo sostiene.

Lo que esta huella revela sobre Cristo

La historia de Spurgeon revela a un Cristo que sigue siendo suficiente incluso cuando sus siervos descubren sus propios límites.

Nos recuerda que el Reino nunca avanzó gracias a personas invencibles.

Avanzó porque hombres y mujeres aprendieron a descansar en un Salvador que jamás cambia.

Cristo sigue siendo la fuerza de quienes ya no confían en la suya.

Lo que nos enseña hoy

Vivimos en una cultura que admira el talento, la productividad y los resultados.

Spurgeon nos recuerda algo muy diferente.

El verdadero poder del ministerio nunca estuvo en el don.

Siempre estuvo en Cristo.

Porque el don puede abrir puertas.

Pero solamente la vida de Cristo puede transformar corazones.

La luz que reflejamos nunca nace de nosotros.

Simplemente aprendemos a permanecer cerca de Aquel que es la Luz.

Síntesis biográfica para conocer su historia. Para profundizar: Mañana y tarde, Discursos a mis estudiantes y una selección de sus sermones.

Para pensar

Si mañana perdieras aquello que mejor sabés hacer, ¿seguirías descubriendo que Cristo continúa siendo suficiente para sostener tu vida?

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Cada huella tiene algo distinto para enseñarnos. Volvé al listado y elegí la próxima.

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