¿Todos somos llamados por Dios? Sí. Y no es un llamado a hacer, sino a ser quien Él dijo que sos, viviendo desde la nueva vida de Cristo.

Es una pregunta que me parece fascinante. Me crucé con personas que dicen "no, yo no tengo llamado". Otras que dicen "creo que sí". Otras, "creo que no". Pero antes de responder quién tiene llamado y quién no, hay una pregunta más honda: ¿qué significa ser llamado, realmente?

Y para responder eso, primero tenemos que entender algo más grande que nosotros.

Para entender el llamado, primero hay que entender a Cristo

No se puede hablar del llamado sin entender la obra de Cristo, su consumación, su persona. Todo empieza ahí. Porque el llamado no nace de vos: nace de lo que Él ya hizo.

Te adelanto la conclusión: todos somos llamados

Para sacarte toda duda desde el principio: todos somos llamados.

¿Cómo es posible, Adrián? Porque el llamado tiene que ver con el gran deseo de Dios. Su deseo es este: arrepentite, dejá de tratar de salvarte, dejá de vivir a tu manera. Y la única solución que Dios ofrece a un problema tan grave no es el esfuerzo del hombre, porque por ahí no llegamos a nada, sino recibir la nueva vida de Cristo. Morir, recibir, y empezar a vivir desde esa vida nueva.

Hay una vida nueva para los que están en Cristo

Esa vida nueva empieza a formarse en tu alma. En el espíritu ya estás pleno, ya estás completo en Él. Pero eso tiene que exteriorizarse. Tenemos que alinear el alma con esa vida, para poder responderle de verdad: a esa vida, a ese espíritu, al Espíritu de Dios en nosotros.

Cristo en nosotros es la vida que obra

Y acá viene lo interesante. Esa vida, que es Cristo en nosotros, es la que tiene que obrar, la que tiene que moverse libremente.

Por eso, todos los que están en Cristo están llamados. Llamados a responder al gran sueño de Dios, a la Gran Comisión. Llamados a responder al carácter de esa vida. No es algo que puedas generar desde tu alma; es algo que se va a mover solo. Y nuestra responsabilidad no es controlar: es morir.

Porque hay una vida en nosotros que crece. Una vida que desea. Una vida que discierne. Una vida con la que, milagrosa y misteriosamente, estamos unidos: somos uno.

Todos somos llamados en Cristo, amigos.

A cada uno, una expresión de Cristo

Y a cada uno se le va a alinear una expresión distinta de esa vida. Porque Cristo es el profeta. Cristo es el pastor. Cristo es el apóstol. Cristo es el amor. Cristo es el sabio. Cristo es el consejero. Por eso hay muchas personas que expresan, cada una, un atributo de Cristo.

El llamado más hermoso: que seas genuino

Acá quiero afirmar algo poderoso, algo hermoso cuando sucede.

La idea de Dios es que haya una alineación perfecta entre dos cosas: tu alma redimida (esa alma que dejó de gobernar, que dejó de vivir de las carencias, que dejó de justificarse, porque murió) y tu forma única. Tu carácter. Tu temperamento. Tu manera de ver. Hasta tus gustos, porque todavía hay en vos gustos personales, formas que a veces no entendiste, que no quisiste desarrollar porque te parecían muy pequeñas, o porque nadie más las tiene, o por lo que la gente iba a pensar.

Pero cuando eso se logra unir y valorar junto con el gran sueño de Dios, junto con la Gran Comisión, amigos, es hermoso.

Ese es un llamado de Dios: que seas genuino. Que valores lo que Dios te dio. Que operes desde la mente de Cristo, y no desde la mente de la inferioridad, de las carencias, de las mentiras.

No es un llamado a hacer, es un llamado a ser

Todos tenemos un llamado. Y no es un llamado a hacer: es un llamado a ser.

Ser el hijo que Dios dijo que sos. Ser la persona que Dios dijo. Ser la persona que se expresa por completo, y no vive escondida en una cueva.

Es un llamado enorme. Es un llamado para todos. Y este espacio existe justamente para eso: para recordárnoslo y caminar. Para no conformarnos a las mentiras, sino alinearnos a Cristo.

Un solo deseo: conocer más a Cristo

Pensar en esto me deja con ganas de conocer más a Cristo. De conocerlo plenamente. Porque Él es poderoso, es grande, es Rey, es sobre todas las cosas. Y es mi vida.

Imaginate eso: un corazón nuevo, una mente nueva, que día a día desea conocerlo y verlo, para ser transformado y vivir desde Él.

Un paso más

Si algo de esto resonó, tal vez sea momento de una conversación a solas. Reservá un espacio